miércoles, 15 de septiembre de 2021

Vuelta a la revuelta del cole

 Empieza un curso nuevo (suena anuncio radiofónico de grandes almacenes) y de nuevo nos encontramos con las caras cubiertas, sin saber si nuestros alumnos y alumnas nos sonríen, manteniendo distancia y con el gel hidroalcohólico mirando de reojo, porque ya no es tan imprescindible.

Lo que sí es imprescindible es verles las caras a esos muchachos y muchachas que por segundo año consecutivo deben llevar un tapabocas (simbólica la palabra) en un lugar donde la palabra es la que reina la cotidianeidad.

No llego a acostumbrarme a que esta situación se cuele en las aulas sin ningún tipo de respuesta por parte de los docentes (algunos decentes y otros....) que estamos cada día en clase. Y las familias...¿qué?





martes, 22 de junio de 2021

Se acaba un curso

 Hoy se acaba un curso, complejo, raro y en el que no se ha respetado el parecer emocional de los alumnos. ¿Cuándo se les piensa sacar brillo a la luz que cada niño y niña tiene dentro? Porque hoy ha sido día de nuev de recogida de notas, de festivales con mascarillas, de evaluaciones...pero ¡qué pocas preguntas nos hemos hecho de lo que ha supuesto este año a nivel de nuestros interiores! Han sido muchos días los que he oído: no quiero ir al cole... Y darse espacio y tiempo para escuchar las razones, que eran muchas ante estos días inciertos.

Si hay que celebrar algo, es la valentía de estos alumnos y alumnas que se han "amoldado" a esta realidad tan bizarra. Pero con cautela, porque lo que debemos celebrar son otras cosas: la valentía de seguir hacia adelante.



viernes, 11 de junio de 2021

 La gran locura de la nueva normalidad ha llegado a nuestras vidas. Hoy leía que se bajan algunas restricciones y a cambio me llegaba una publicidad advirtièndome de ello y que aprovechase para viajar al 20% menos! Sin duda, esta pandemia ha supuesto una gran vuelta de tuerca en referencia a la maquinaria capitalista neoliberal que nos enogulle con sus mensajes de felicidad fugaz.

Ni quiero pensar en la cantidad de chicos y chicas adolecentes y jóvenes  que han pasado y están pasando momentos complejos con todo lo que les rodea...

En la cultura de emoticono, de la risa fácil homogénea, de los tiktok, de las tonterías virtuales que no hacen más que crear un pensamiento libre de crítica y de silencios necesarios para revisar hacia dónde uno va o quiere no ir, debe ser muy difícil ser adolescente sin dejarte llevar por esa marea insconciente colectiva movida por los grandes lobbies económicos que manejan las redes.

Pero aún tengo algo de fe, porque veo muchos jóvenes con mucha capacidad y potencial buscando sus huecos (que lo hay) para poder ser ellos mismos....Ánimo muchachos!!






viernes, 30 de abril de 2021

 A partir de la lectura de Garcés, sobre el estado de la educación actual y sus referencias filosóficas para tratar de explicar lo inexplicable de la situación educativa actual, me han venido algunas preguntas a la cabeza...¿qué tipo de futuro les presentamos a aquellos que actualmente están en una edad de máximo esplendor psicobiológico? ¿Cómo puedo tratar de convencer a mis alumnos adolescentes de que todo irá bien si la incertidumbre dominante es excesiva? ¿Hasta dónde las estrategias de dominación y profilaxis van a seguir rigiendo nuestra realidad cotidiana? ¿Cómo ofrezco algún tipo de esperanza a quienes se están formando hoy en futuros ciudadanos y trabajadores? ¿Qué narrativa esperanzadora  me invento para aquellos que esperan encontrar un camino formativo como vía de inserción al mundo laboral y social actual? Son muchas preguntas que engrasan la maquinaria de mi neurosis, de la que también estoy hecho.




martes, 27 de abril de 2021

  Ojeando en una librería en este mes de los libros, cayó en mis manos casi literalmente un ejemplar del texto de Marina Garcés titulado Escuela de aprendices. Era obvio que llamó mi atención y, como suelo hacer, abro por cualquier página el libro y encuentro: 

"(...) en pocos lugares me he sentido por momentos tan viva como en un aula. Porque interrumpe la vida, el vacío que abre puede ser cualquier cosa:mil mundos por descubrir o una sala de tortura, el lugar para la amistad y la admiración o para el miedo y la violencia, un espacio de tiempo para el recogimiento o un pedazo de vida insoportable."

Finalmente se vino a casa este maravilloso texto. Un texto que hace recuperar la fe en quien observa desde su conocimiento filosófico hacia la educación. Una educación que lejos de ser activa, naturalista, lenta, genuina, institucionalmente está siendo cómplice de las estrategias políticas basadas en el temor y el sometimiento. En pocos lugares tendría cabida la metáfora de La Vida es Bella como en una escuela en estos tiempos tan complejos y difusos. ¿Porqué no atrevernos a buscar esa paradoja? ¿Porqué no proponer a los alumnos la posibilidad de transformar la realidad? ¿Porqué no respetar su momento evolutivo, su ingenuidad, su infancia y ofrecerles el juego como evasión y creación de su entorno? Porque requiere trabajo, y estamos tan pendientes de la eme con la a: ma...que olvidamos la propia ilógica de la vivencia pandémica cotidiana. 



sábado, 6 de febrero de 2021

Viejos problemas, vagas propuestas

 Cayó en mis manos hace unos días un texto de G. Luri, La escuela contra el mundo, donde en un pasaje comenta que los sistemas educativos en la mayoría de países occidentales, se dejan cautivar con asombrosa facilidad por supuestas grandes ideas que pronto se demuestra que no son más que recetas bien vestidas que prometen solucionar viejos problemas. Argumenta además que no hay recetas milagrosas capaces de sustituir el trabajo intenso, prolongado y entusiasta dirigido por una concepción clara de la educción.

Es constante el torrente de recetas que acuden a sofocar los agobios de profesorado que lidian con una realidad cambiante y gaseosa. Mindfulness, control emocional, y muchas otras propuestas que se convierten en un manantial para apaciguar la sed que provoca el esfuerzo diario en las aulas. Mientras, el currículo sigue su curso y los docentes tratan de incorporar  este recetario a su drama diario. Y hablo de drama porque aquel modelo de docente que se centra en los contenidos como su única hoja de ruta cotidiana, -¡qué lástima!- comienza sus días sufriendo y no sintiéndose agradecido de lo que tiene delante.

Tampoco ayuda un sistema que premia aquellos que se comportan como gestores educativos, donde lo propio de ser niño o adolescente se convierte en molesto y obstaculiza la consecución de los objetivos que llevará a integrar los contenidos con una acertada  metodología que nos conducirá a unos resultados evaluables y medibles. Y yo pensaba que estábamos en el S.XXI...



miércoles, 18 de noviembre de 2020

Los inevitables

 En la actualidad pandémica que vivimos asistimos a un choque buscado y nunca evitado desde el neoliberalismo en relación a la educación. El aprovechamiento desde una situación sanitaria compleja en relación a la idealización de la enseñanza a distancia, ha sido la visualización de la barbarie en relación a lo que es vital en educación: el intercambio social.

Han llegado las videoconferencias para continuar desvalorizando la figura del maestro, de aquel que acompaña a descubrir al otro y con el otro; para dar paso a las pantallas, los recursos digitales llenos de divertimentos variados como modo de mantener la atención y, ante todo, el status del sistema educativo actual.

Los docentes se convierten en pasos agigantados en meros gestores de protocolos de conocimiento, al servicio del sistema. La nube se llena de cuadros de doble entrada con miles de protocolos, medias, medianas, porcentajes, como modo único de acceder al conocimiento. La exploración, la crítica, la reflexión o el descubrimiento quedan relegados a diadas nominativas que el propio sistema ha fagocitado previamente y ahora endulza anualmente la ambientación educativa.

Es como mínimo terrorífico  que esto esté pasando en este ámbito. Si los docentes no se revelan es porque el adiestramiento comenzó hace tiempo en este gremio. ¡SOS!





sábado, 9 de mayo de 2020

miércoles, 25 de marzo de 2020

Riesgos Psicosociales

En la actual situación de confinamiento que se está viviendo en Europa, se está hablando muy poco de los riesgos psico-sociales de este encierro. Sobre todo lo que supone esta situación para los más pequeños, que han pasado de su rutina a de repente, tener que simbolizar a marchas forzadas lo que está pasando. A ello, se ha unido el vértigo de los sistemas educativos. en donde en cuestión de días se ha generado un dispositivo de superproducción de propuestas on-line para la infancia. Una mayor producción de trabajo para estas criaturas que si estuviesen en su propia rutina diaria. 

Se ha dado una respuesta en términos de producción de trabajos escolares y echo de menos otras propuestas en referencia al acompañamiento emocional y la validación de las emociones en días tan complejos. Las múltiples ofertas naïfs  (pinta el virus, cuento del virus, clases de yoga sin virus, etc), ejecutan los mecanismos sociales actuales de validación de cualquier situación global, sin filtro ni crítica ni mucho menos sentimiento propio. Por lo que, de nuevo, reproducimos un sistema de negación de las emociones, y aún más preocupante en situaciones de alarma social como la que vivimos hoy. Así, damos paso a la anestesia de la infancia, que en otros momentos históricos trataba de entender su entorno de una manera probablemente más genuina y no tan ingenua como la actual donde los padres regatean con las necesidades emocionales de los niños, aturdidos ante el aluvión ofertas telemáticas totalmente edulcoradas y validadas como única opción y salida psicológica.
¡Qué compleja es la honestidad! o más bien, ¡qué complejo es ser honesto hoy! Y aún más validar la honestidad infantil, sin filtro moral.

Un breve apunte en referencia a la cantidad de proposiciones que en estos días aturden a los niños, vía padres, son aquellas que llegan de docentes hiperactivos que llenan el correo parental de vídeos, tutoriales, moodles, ... sin preguntarles a ninguno de esos niños cómo tramitan esta situación, qué canales usan par tramitar estas complejas emociones. ¿Alguien le pregunta a los niños alguna vez? Ni esta situación...Y esto tiene un coste social que pocos se plantean.



viernes, 13 de diciembre de 2019


Por dónde empezar cuando se trata de hablar de educación emocional. Ante todo trataré de huir de aquellos tópicos que hablan de la educación emocional como crisol de ideas en las que cabe cualquier cosa relacionada con las nuevas pedagogías y su vínculo con las corrientes new age derivadas del culto al individualismo más espirituoso.

Creo que es harto imposible hablar de educación sin emoción, sin emocionar ni emocionarse (Romera, 2019). Porque es una labor que así lo precisa y requiere. Nada como acompañar a una criatura en el descubrimiento del mundo, y digo acompañar en el sentido más estricto, huyendo también de aquellos que defienden la no intervención del adulto o aquello que propone Goldschmied (1998) de intervenir sin interferir.

Haciendo un alto en este punto, sinceramente creo y las realidades hablan por sí solas, que aquellos que defiende la ausencia de intervención del adulto acaban por generar desprotección en los niños. Presuponer una autonomía espontánea implica no guiar y eso desorienta al niño en su construcción del mundo. Se me echarán encima aquellos que creen que el adulto ha hecho tanto daño en el pasado en la educación de las criaturas que ahora ha llegado el momento de lo que llaman la mirada consciente y abierta. De nuevo nomenclaturas que recuerdan al espíritu new age que sigue embargando la pedagogía de falta de sentido común.  Una mirada consciente, bien y lo más abierta posible para abarcar la realidad de cada niño y sostenerla. Comellas (2011) sostiene que educar implica ejercer una influencia intencionada que puede llegar a restar espontaneidad en las criaturas pero que tiene que favorecer la madurez y la comprensión del contexto donde se vive. Así, educar implicaría guiar por parte de las personas adultas y eso comporta una clara responsabilidad en relación a las repercusiones de las decisiones que se toman hacia los niños.

El niño necesita del adulto y eso es incuestionable. No es necesario ponerse ahora a leer a aquellos que venden humo pedagógico a precio de oro mientras llenan los auditorios de una bruma de consciencia global y armonía, eso sí, sin antes armonizan sus cuentas corrientes a cuenta de su público, para poder entender lo que trato de explicar. Existe un gran mercado en torno a estos conceptos ligados a la educación: libros, conferencias, cursos, postgrados e incluso másters. Y un gran número de ávidos consumidores de estos productos

Si acompañar supone estar presente, guiar, inducir, estimular, escuchar, preguntar y comprender, ¿dónde está ese profesional consciente, con sus chakras perfectamente alineados mientras en el aula o el tiempo de recreo sus alumnos exploran su fuerza los unos con los otros? ¿Dónde está el profesional impregnado de espiritualidad cuando un niño le está pidiendo límites a gritos? El límite, otro gran tema que se pierde en las vacuidades de aquellos que con su mirada consciente llenan sus bocas y prácticas de discursos vacíos y carentes de acción. Un niño necesita límites y eso está bien y es necesario. No podemos huir de ello. La gran pena y sobre todo la gran pérdida es aquella que está haciendo que los niños y niñas estén construyendo sus propias realidades por ausencia de límites y eso es el sálvese quien pueda. Aquí es entonces cuando la violencia infantil campa a sus anchas mientras el adulto “consciente” sigue pendiente de su ombligo y tratando de defender su discurso del naufragio que le proporciona la realidad. Aquí es cuando me doy cuenta del daño que le estamos haciendo a la infancia bajo esta estela con olor a Patchouli y cromoterapias varias.

Me llama mucho la atención que el gremio de profesores y educadores no estemos obligados a tener un seguimiento psicoemocional por un profesional colegiado (horror, cuidado otra vez las pseudoterapias que no hacen más que edulcorar las carencias personales). En algunos países europeos es una obligación ya que, de este modo se garantizaría la supervivencia emocional de aquellos que dedican su vida a contener otras. No es un aspecto que se deba tomar a la ligera. Las inspecciones educativas únicamente evalúan al comienzo de la actividad docente la idoneidad del profesorado, poniendo el acento sobre todo en aquellos aspectos burocráticos derivados del seguimiento de las programaciones o la localización de documentos internos. Por lo tanto ¿dónde queda la evaluación y el seguimiento psicológico? Inexistente. De ahí que sea una de las profesiones con mayor burn-out. Burn-out que acaba recayendo en las criaturas a las cuales se acompaña.

Me considero frontalmente en contra de estas prácticas que basan su realidad en la construcción de un discurso reiterativo en forma de puzle que no duda en cortar y pegar lo que conviene de la pedagogía clásica y las corrientes de autoconocimiento y crecimiento personal. ¡Menos coaching e incienso y más formación y presencia en los recursos educativos! No es ninguna broma de lo que hablo. Hay incluso un mantra, que imagino les ayuda a estas personas a sentir que lo están haciendo bien en sus prácticas educativas: “Venga, eso no se hace….a ver, así no…”. Y todo esto en un tono de cántico tibetano más que de firmeza y cariño. Pero a la hora de la acción todo queda en ese tono multifloral y ni siquiera hay presencia real. 

Un niño sabe cuándo se le miente, cuando no se le atiende, cuando se le evita. Y no le hacen falta muchas ocasiones parecidas para recurrir a su propia protección emocional, construyendo sus propios límites en ausencia del adulto. ¡Qué gran error!

Me he topado en algunos proyectos educativos con una fuerte confusión de términos que deja al libre albedrío personal que el profesional campe a sus anchas y despliegue todo su arsenal de propuestas naif cargadas de buenismo, pero con muy poca fundamentación teórica y, ante todo, ausencia de mirada holística, pedagógica, práctica y social. Así es, lo social ha dejado de existir desde que el neocapitalismo liberal se ha instalado entre nosotros y se sienta a comer a nuestra mesa. Sólo importa lo que tú sientes, cómo te sientes, y no importa  para nada lo que le pase a los demás a no ser que sea para expiar nuestra falta de espíritu social y tribal (cuidado, otro concepto maltratado) haciendo donaciones a ONG’s (que muchas  viven de eso precisamente). Por ello, la educación se está convirtiendo en un terreno de encuentro de individualidades perdidas que afecta de manera directa a los niños. ¿Es esto un problema social grave? Sin lugar a dudas.

La gran crisis educativa que muchos advierten, se disfraza de conceptos algodonosos y purpúreos mientras la realidad de los alumnos es cada vez más compleja. Un mundo líquido (Bauman, 2003), cada vez más inaprehensible, donde los niños construyen su identidad y se hacen cargo de la falta de acompañamiento de los adultos es el decorado de la actual educación. Creo que es nuestra obligación defender la alegría, como proponía Benedetti en uno de sus poemas, de nuestra profesión y de aquellos que carcomen una tarea tan hermosa, frágil y digna.


BAUMAN, Z. (2003) Modernidad líquida. Fondo de cultura económica.
COMELLAS, M. (2011), Familia escola. Compartir l'educació. Barcelona. Graó
GOLDSCHMIED, E. (1998), Educar l’infant a l’escola bressol. Barcelona.Asoc.Mestres Rosa Sensat.
ROMERA, M. (2019) Educación emocional y emocionante. Cuadernos de Pedagogía núm. 499.




Dopamina

 ¿ En qué momento se nos ha olvidado que educar es lo más importante de cara al futuro de la sociedad? Imagino que no es cuestión de olvido,...