miércoles, 25 de marzo de 2020

Riesgos Psicosociales

En la actual situación de confinamiento que se está viviendo en Europa, se está hablando muy poco de los riesgos psico-sociales de este encierro. Sobre todo lo que supone esta situación para los más pequeños, que han pasado de su rutina a, de repente tener que simbolizar a marchas forzadas lo que está pasando. A ello, se ha unido el vértigo de los sistemas educativos. en donde en cuestión de días se ha generado un dispositivo de superproducción de propuestas on-line para la infancia. Una mayor producción de trabajo para estas criaturas que si estuviesen en su propia rutina diaria. 
Se ha dado una respuesta en términos de producción de trabajos escolares y echo de menos otras propuestas en referencia al acompañamiento emocional y la validación de las emociones en días tan complejos. Las múltiples ofertas naïfs  (pinta el virus, cuento del virus, clases de yoga sin virus, etc), ejecutan los mecanismos sociales actuales de validación de cualquier situación global, sin filtro ni crítica ni mucho menos sentimiento propio. Por lo que, de nuevo, reproducimos un sistema de negación de las emociones, y aún más preocupante en situaciones de alarma social como la que vivimos hoy. Así, damos paso a la anestesia de la infancia, que en otros momentos históricos trataba de entender su entorno de una manera probablemente más genuina y no tan ingenua como la actual donde los padres regatean con las necesidades emocionales de los niños, aturdidos ante el aluvión ofertas telemáticas totalmente edulcoradas y validadas como única opción y salida psicológica.
¡Qué compleja es la honestidad! o más bien, ¡qué complejo es ser honesto hoy! Y aún más validar la honestidad infantil, sin filtro moral.

Un breve apunte en referencia a la cantidad de proposiciones que en estos días aturden a los niños, vía padres, son aquellas que llegan de docentes hiperactivos que llenan el correo parental de vídeos, tutoriales, moodles, ... sin preguntarles a ninguno de esos niños cómo tramitan esta situación, qué canales usan par tramitar estas complejas emociones. ¿Alguien le pregunta a los niños alguna vez? Ni esta situación...Y esto tiene un coste social que pocos se plantean.

viernes, 13 de diciembre de 2019


Por dónde empezar cuando se trata de hablar de educación emocional. Ante todo trataré de huir de aquellos tópicos que hablan de la educación emocional como crisol de ideas en las que cabe cualquier cosa relacionada con las nuevas pedagogías y su vínculo con las corrientes new age derivadas del culto al individualismo más espirituoso.

Creo que es harto imposible hablar de educación sin emoción, sin emocionar ni emocionarse (Romera, 2019). Porque es una labor que así lo precisa y requiere. Nada como acompañar a una criatura en el descubrimiento del mundo, y digo acompañar en el sentido más estricto, huyendo también de aquellos que defienden la no intervención del adulto o aquello que propone Goldschmied (1998) de intervenir sin interferir.

Haciendo un alto en este punto, sinceramente creo y las realidades hablan por sí solas, que aquellos que defiende la ausencia de intervención del adulto acaban por generar desprotección en los niños. Presuponer una autonomía espontánea implica no guiar y eso desorienta al niño en su construcción del mundo. Se me echarán encima aquellos que creen que el adulto ha hecho tanto daño en el pasado en la educación de las criaturas que ahora ha llegado el momento de lo que llaman la mirada consciente y abierta. De nuevo nomenclaturas que recuerdan al espíritu new age que sigue embargando la pedagogía de falta de sentido común.  Una mirada consciente, bien y lo más abierta posible para abarcar la realidad de cada niño y sostenerla. Comellas (2011) sostiene que educar implica ejercer una influencia intencionada que puede llegar a restar espontaneidad en las criaturas pero que tiene que favorecer la madurez y la comprensión del contexto donde se vive. Así, educar implicaría guiar por parte de las personas adultas y eso comporta una clara responsabilidad en relación a las repercusiones de las decisiones que se toman hacia los niños.

El niño necesita del adulto y eso es incuestionable. No es necesario ponerse ahora a leer a aquellos que venden humo pedagógico a precio de oro mientras llenan los auditorios de una bruma de consciencia global y armonía, eso sí, sin antes armonizan sus cuentas corrientes a cuenta de su público, para poder entender lo que trato de explicar. Existe un gran mercado en torno a estos conceptos ligados a la educación: libros, conferencias, cursos, postgrados e incluso másters. Y un gran número de ávidos consumidores de estos productos

Si acompañar supone estar presente, guiar, inducir, estimular, escuchar, preguntar y comprender, ¿dónde está ese profesional consciente, con sus chakras perfectamente alineados mientras en el aula o el tiempo de recreo sus alumnos exploran su fuerza los unos con los otros? ¿Dónde está el profesional impregnado de espiritualidad cuando un niño le está pidiendo límites a gritos? El límite, otro gran tema que se pierde en las vacuidades de aquellos que con su mirada consciente llenan sus bocas y prácticas de discursos vacíos y carentes de acción. Un niño necesita límites y eso está bien y es necesario. No podemos huir de ello. La gran pena y sobre todo la gran pérdida es aquella que está haciendo que los niños y niñas estén construyendo sus propias realidades por ausencia de límites y eso es el sálvese quien pueda. Aquí es entonces cuando la violencia infantil campa a sus anchas mientras el adulto “consciente” sigue pendiente de su ombligo y tratando de defender su discurso del naufragio que le proporciona la realidad. Aquí es cuando me doy cuenta del daño que le estamos haciendo a la infancia bajo esta estela con olor a Patchouli y cromoterapias varias.

Me llama mucho la atención que el gremio de profesores y educadores no estemos obligados a tener un seguimiento psicoemocional por un profesional colegiado (horror, cuidado otra vez las pseudoterapias que no hacen más que edulcorar las carencias personales). En algunos países europeos es una obligación ya que, de este modo se garantizaría la supervivencia emocional de aquellos que dedican su vida a contener otras. No es un aspecto que se deba tomar a la ligera. Las inspecciones educativas únicamente evalúan al comienzo de la actividad docente la idoneidad del profesorado, poniendo el acento sobre todo en aquellos aspectos burocráticos derivados del seguimiento de las programaciones o la localización de documentos internos. Por lo tanto ¿dónde queda la evaluación y el seguimiento psicológico? Inexistente. De ahí que sea una de las profesiones con mayor burn-out. Burn-out que acaba recayendo en las criaturas a las cuales se acompaña.

Me considero frontalmente en contra de estas prácticas que basan su realidad en la construcción de un discurso reiterativo en forma de puzle que no duda en cortar y pegar lo que conviene de la pedagogía clásica y las corrientes de autoconocimiento y crecimiento personal. ¡Menos coaching e incienso y más formación y presencia en los recursos educativos! No es ninguna broma de lo que hablo. Hay incluso un mantra, que imagino les ayuda a estas personas a sentir que lo están haciendo bien en sus prácticas educativas: “Venga, eso no se hace….a ver, así no…”. Y todo esto en un tono de cántico tibetano más que de firmeza y cariño. Pero a la hora de la acción todo queda en ese tono multifloral y ni siquiera hay presencia real. 

Un niño sabe cuándo se le miente, cuando no se le atiende, cuando se le evita. Y no le hacen falta muchas ocasiones parecidas para recurrir a su propia protección emocional, construyendo sus propios límites en ausencia del adulto. ¡Qué gran error!

Me he topado en algunos proyectos educativos con una fuerte confusión de términos que deja al libre albedrío personal que el profesional campe a sus anchas y despliegue todo su arsenal de propuestas naif cargadas de buenismo, pero con muy poca fundamentación teórica y, ante todo, ausencia de mirada holística, pedagógica, práctica y social. Así es, lo social ha dejado de existir desde que el neocapitalismo liberal se ha instalado entre nosotros y se sienta a comer a nuestra mesa. Sólo importa lo que tú sientes, cómo te sientes, y no importa  para nada lo que le pase a los demás a no ser que sea para expiar nuestra falta de espíritu social y tribal (cuidado, otro concepto maltratado) haciendo donaciones a ONG’s (que muchas  viven de eso precisamente). Por ello, la educación se está convirtiendo en un terreno de encuentro de individualidades perdidas que afecta de manera directa a los niños. ¿Es esto un problema social grave? Sin lugar a dudas.

La gran crisis educativa que muchos advierten, se disfraza de conceptos algodonosos y purpúreos mientras la realidad de los alumnos es cada vez más compleja. Un mundo líquido (Bauman, 2003), cada vez más inaprehensible, donde los niños construyen su identidad y se hacen cargo de la falta de acompañamiento de los adultos es el decorado de la actual educación. Creo que es nuestra obligación defender la alegría, como proponía Benedetti en uno de sus poemas, de nuestra profesión y de aquellos que carcomen una tarea tan hermosa, frágil y digna.


BAUMAN, Z. (2003) Modernidad líquida. Fondo de cultura económica.
COMELLAS, M. (2011), Familia escola. Compartir l'educació. Barcelona. Graó
GOLDSCHMIED, E. (1998), Educar l’infant a l’escola bressol. Barcelona.Asoc.Mestres Rosa Sensat.
ROMERA, M. (2019) Educación emocional y emocionante. Cuadernos de Pedagogía núm. 499.

sábado, 26 de octubre de 2019

Educación alternativa = alternativas a la educación


En el actual mercadeo naif asistimos a un modelo unitario de crianza basado en una mezcla indistinta de referentes tales como la Pedagogía Waldorf, Montessori , los métodos para hacer dormir al niño del tirón toda la noche o la negativa a las vacunas. Un modelo que mucha gente no duda en tildarlos de educación alternativa. Una propuesta interesante sería  más bien ser riguroso y utilizar la definición de alternativas a la educación, puesto que ese batido de propuestas que cada cual mezcla a su antojo y que luego alardea ante su comunidad, no es sino una clara manera de ocultar la dificultad en la crianza y muchas veces está bien alejado de lo que es la propia educación.

En generaciones anteriores la infancia era una cuestión comunitaria, y por ende la crianza, pero en el actual capitalismo neoliberal que promueve el individualismo por encima de cualquier otra cosa, la crianza ya no es una cuestión comunitaria, sino del ámbito de cada casa. Así pues, las más variadas y pintorescas propuestas entran en estas casas a través de la tecnología, y las familias configuran su puzzle ante la incapacidad de recurrir a la comunidad como modelo o ayuda. Esto pone de manifiesto una de las características diferenciales de esta generación actual: la falta de sentido de pertenencia comunal. El peligro que supone esto es la ausencia de valores basados en el respeto, la solidaridad o la empatía. Síntomas de esta ausencia son las dependencias hospitalarias que ven desbordados  sus programas para adolescentes con conductas asociales, fruto de lo comentado.
Así pues, la falta de esta pertenencia está generando un modelo de crianza y por consiguiente, de persona muy en la línea de lo que está demandando el capitalismo en lo que Bauman llamaría vida de consumo.



jueves, 12 de septiembre de 2019

Carta a los alumnos de F.P.



Ya de entrada me cuesta decidir entre si pongo alumnos como genérico, alumnas o alumn@s más que nada por la cantidad de ruido que se cuela en esta época de modernidad líquida al más puro estilo Bauman, en donde la izquierda más naif y cutre deshace los referentes y las referencias colectivas a cambio de seguir extendiendo sus propuestas bajas en azúcar y de cero calorías, también de cero contenido crítico y reflexivo. No me hagáis mucho caso, os llamaré alumn@s y disculpadme si se me escapa otra referencia, lo importante es que esta misiva va dirigida a todos aquellos con los que compartí un curso casi completo de Formación Profesional.

Ante todo, agradeceros vuestra enorme capacidad de adaptación a los cambios en vuestro itinerario formativo. El sistema desarrolla una serie de perversiones que acabáis sufriendo.

Recuerdo entrar al aula y respirar el oxígeno de los que expectantes estabais allí esperando que comenzara algo, no sabíais bien el qué pero que comenzase algo al fin. No sé bien por dónde comencé pero fue el inicio de unos meses en donde sentí, tras años de pérdida de fe, que merecía de nuevo la pena compartir experiencias y construir nuevos caminos con la base del aprendizaje mutuo con grupos de trabajo que mostraban todo su empeño en tirar pa’lante.

Allí estaban las currantes de las residencias geriátricas que cada mañana acompañaban a la gente mayor en su día a día, que luego por la tarde se sentaban a escucharme, con la cabeza abierta y el pecho vibrante, y que preguntaban o asentían, pero siempre con las ganas y el ahínco de aprender, de ESTAR presente.

También estaban aquellos que no sabían bien de qué nave habían caído, quizá porque esa nave, la de su vida, nunca la habían capitaneado ellos mismos y ahora se atreven a coger los mandos, aunque el rumbo sea incierto. No menos era la atención y las ganas que ponían en entender qué pasaba en el aula, aunque en algunas ocasiones tuviesen que estar más pendientes de los mandos de esa nave.

No puedo olvidarme de las “Rosalías”, que con los pies encima de la mesa y su mirada retadora, buscaban la atención que nunca habían tenido. Gracias por vuestra valentía, autenticidad y salero. Hay tanto que aprender de la gente auténtica…

Y yo, entre todas esas miradas, asumiendo mi papel y recuperando la fe perdida en la educación. No negaré que tuve que contener muchas banalidades institucionales para que no generasen excesivo ruido en nuestra relación, también era mi papel. Pero ante todo, recuperé aquello por lo que siempre he luchado contra la mediocridad que vive esta profesión. Quizá me lié, os lié, o nos liamos pero supimos desenredarnos porque no es fácil en esta cultura del cansancio, como apuntaba Byung_Chul Han, ser alguien auténtico que no se enmarañe en los ruidos que provoca la sociedad naif actual.

Ahora desde la distancia y con el corazón más engrandecido, os recuerdo y espero que podáis mostrar la pasta de la que estáis hechos independientemente de quien tengáis delante, para mí fue un regalo. Porque imagino que no debe ser fácil adivinar las tretas institucionales de las que sois víctimas y seguir caminando, imagino la neurosis que provoca. Y aún así seguís defendiendo vuestro deseo de atender a las personas en situación de dependencia o de integrar de nuevo al sistema a los outsiders…eso es valentía.

No me quiero despedir sin reconocer que también me siento cómplice en esa neurosis en donde el loco sistema me tiene muchas veces no el  corazón en vilo sino mi vida pendiente de un hilo. La canción ya lo decía hace varias décadas: “son malos tiempos para la lírica…” Y yo soy un romántico. Aún así trato de recordar las maravillosas palabras de Benedetti donde decía que hay que “defender la alegría como una trinchera.”

No sé si estas palabras llegarán a vuestros ojos, aún así….gracias.

Un abrazo


miércoles, 17 de julio de 2019

Autoestima

Me topo en pleno proceso de preparación de oposiciones al cuerpo de maestros, con un breve texto de R. Jové en referencia a la autoestima, que es necesario que comparta aquí:

"Cuando tenía 5 años a su profesora se le ocurrió, para fomentar que los niños se portaran bien, ponerles en la mano una pegatina redonda y amarilla con una carita sonriente dibujada. ¿A todos? No; sólo a los tres que se habían portado mejor ese día. Alejandro salía cada día con su pegatina, orgulloso, y se la enseñaba a su mamá. Pero un día salió sin pegatina, y su madre le preguntó: ¿Hoy no te han puesto pegatina, cariño? Y Alejandro sonriendo, le contestó: Se la he regalado a Juan porque a él nunca se la pondrán.¡Mira qué contento se la enseña a su mamá! Dolores se volvió y vió cómo Juan, con la cara iluminada, le enseñaba aquel trofeo a su madre.
En la mano de los profesores está el no destruir la autoestima de los niños. ¡No siempre existe un Alejandro para solucionarlo!"

Aunque reconozco que me ha arrancado una sonrisa, también reconozco que no ha sido más que de impotencia ante una realidad que abunda y que, incluso, como la autora, he vivido muy de cerca. Leyendo algunos textos de Royo o el magnífico Blog de J. Martín (http://www.xarxatic.com), me veo acompañado en la defensa de la docencia como arte y, lejos o cerca de la vocación, como necesidad urgente ante el entorno social carente de dirección huyendo de la que nuevos charlatanes usan a la educación como caldero en el que verter cualquier cosa parecida a una guía para la espiritualidad (que el propio término me perdone). Seamos rigurosos, por favor. 

Un artículo donde volqué mis sentires sobre la atención a la infancia en estos  momentos de confinamiento. https://www.eldiario.es/histori...